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7. Refutación de Malthus

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7.1. Voces en contra

Jonathan Swift escribió un manifiesto irónico titulado “Una modesta proposición” en el que denunciaba las políticas contra las pobres por parte del gobierno.
En su artículo denunciaba la existencia de niños mendigando por las calles de Dublín, y como solución a los niños que no pueden ser mantenidos por sus padres, Swift proponía criarlos hasta la edad de un año, que es la edad en la que el bebé sólo necesita alimentarse de leche materna, para después ser vendidos como alimento, puesto que "un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o en un ragout". Pudiendo el gobierno entonces despreocuparse de los niños pobres irlandeses.

UNA POLÍTICA DE SANEAMIENTO DE LA ECONOMÍA INGLESA
"Es un Triste espectáculo para quienes transitan por esta gran ciudad o recorren el campo, ver por las calles, por los caminos o las puertas de las cabañas, esa multitud de mujeres que mendigan seguidas por tres, cuatro o seis niños andrajosos, molestando al transeúnte para que les den limosna…
Pero no es mi intención preocuparme sólo de los niños de los mendigos declarados. Quiero referirme a algo de mucha mayor amplitud, abarcando a todas las criaturas de cierta edad a cuyos padres les resultan tan difícil mantenerlas como a los de esas otras que imploran nuestra caridad por las calles…
Por tanto, me permito proponer humildemente a la consideración pública, que de los 120.000 niños pobres de que se tiene noticia, se reserven 20.000 para la cría… y que los 100.000 restantes, cuando cumplan un año de edad, sean ofrecidos en venta a personas distinguidas y acaudaladas de todo el Reino, aconsejándose a las madres que los amamanten abundantemente en el último mes con objeto de que los críos estén bien rollizos para ser servidos en una mesa de alta categoría…
Reconozco que este alimento resultaría algo raro y por ello muy adecuado para terratenientes, quienes, por haber devorado ya a casi todos los padres, parecen tener más derecho a los niños…
Declaro, con el corazón en la mano, que no tengo interés personal alguno en fomentar esta necesaria tarea, y que sólo me mueve el bien público de mi patria, estimular nuestro comercio, atender a la infancia, aliviar a los pobres y proporcionar algún placer a los ricos. No tengo niños con que ganar ni un solo penique, ya que mi hijo menor ha cumplido ya los nueve años y mi mujer ha pasado de la edad de poder darme más”. Jonathan Swift, 1729

El escritor católico Chesterton usaba también de la ironía para criticar las soluciones maltusianas.

“Pensad en este sencillo ejemplo y os haréis cabal idea de lo que ocurre en los cerebros a la moderna. Figuraos que tenemos diez niños a quienes hay que proveer de sombrero y que no tenéis más que ocho sombreros disponibles. Un espíritu sereno y que obrase a derechas no consideraría un imposible hacer dos más, dirigirse al que los fabrica y persuadirle que hiciera los necesarios, protestar contra la injustificada tardanza en la entrega, castigar a quien los prometió y no cumple lo prometido. Pero el espíritu moderno propondría, que, cortando la cabeza a dos niños, no tendría ya necesidad de sombrero y habría bastantes con los que teníamos ya. Si se les sugiere que las cabezas son de más valor que los sombreros, os dirán que esas sutilezas son pura metafísica y que la pretensión de que el sombrero esté hecho para la cabeza y no la cabeza para el sombrero es un dogma que ya pasó a la historia. El texto, recubierto ya del polvo de los archivos, que reza que el cuerpo es más digno que el vestido que lo cubre; el perjuicio secular que prefiere la vida de los niños al acomodo sistemático de los sombreros; todo ello es despreciado, cuando no ignorado. El espíritu moderno tiene una lógica implacable: al verdugo toca remediar las faltas del sombrerero. Poco importa a la lógica de las cosas que se trate de casas o de sombreros: uno es el error fundamental: comenzamos por mal cabo porque nunca nos hemos tomado el trabajo de investigar por dónde convendría comenzar” Chesterton. Revista America, 29 oct. 1921

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7.2. Desmitificando a Malthus

1. Los recursos naturales se van a acabar: Si esto fuera así el precio de los productos aumentaría, pero no es así y esto es debido a las mejores tecnológicas en la producción agrícola y ganadera. El verdadero problema del hambre está el las pésimas políticas gubernamentales y en la injusta distribución de la riqueza.
2. Los países pobres son pobres porque tienen demasiada población: No hay conexión entre pobreza y población. Naciones superpobladas como Taiwan, Japón y Corea, tienen densidades poblacionales entre 150 y 200 veces mayores que la de Somalia y el ingreso per cápita es entre 200 y 500 veces superior.
3. La salida del subdesarrollo pasa por reducir la población: Todo país necesita una tasa de reposición mínima de entre el 2,2% y el 2,3% de crecimiento poblacional con el fin de evitar que la población anciana sea superior a la población joven, cosa que está sucediendo en los últimos años en Europa.

Los clásicos del marxismo-leninismo han sometido a una crítica demoledora las concepciones maltusianas. Han demostrado que en la sociedad humana no existe una ley “eterna” y extrahistórica de la población, que a cada modo de producción le son inherentes leyes de población propias, y que la existencia de una superpoblación relativa (pero no absoluta) bajo el capitalismo es una consecuencia de la ley general de la acumulación capitalista (ver). Como pone de manifiesto la experiencia de la construcción del socialismo en varios países, el desarrollo de las fuerzas productivas, el progreso científico y técnico permiten asegurar la existencia acomodada de la población del globo terráqueo y su incremento. Y si en el mundo capitalista, las masas trabajadoras sufren duras privaciones, la culpa de ello recae por entero en el régimen capitalista.
Para Marx, los males de la sociedad son más bien el resultado de arreglos institucionales inadecuados, los que fustiga en su crítica del capitalismo. Para él no existe una ley universal de población válida, y lo que en su tiempo parecía ser un problema de población eran solamente síntomas de otros desajustes en la sociedad curables mediante el cambio radical.
Al avanzar el siglo, la expansión de la producción agrícola y las mejoras en los sistemas de transporte arrojaron dudas sobre lo inadecuado de la provisión de alimentos. Todavía después, cuando en la década de 1880 los nacimientos empezaron su declinación en los países de le Europa occidental, hecho que coincidió con la difusión de la información sobre el control natal, la autoridad de Malthus se eclipsó para no revivir sino durante la época de la Gran Depresión en los 1930.

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7.3. El hambre no es un problema demográfico

Los negros presagios sobre el crecimiento de la población no se han cumplido, el hambre no es un problema demográfico
RAFAEL PAMPILLON

Hace 200 años, el 7 de junio de 1798, se publicó el Primer ensayo sobre la población de Thomas Robert Malthus (1766-1834). Desde entonces el crecimiento de la población mundial y las posibilidades de ser alimentada han sido siempre un tema de discusión entre los economistas. Como ha señalado Carlos Rodríguez Braun, la influencia de una persona tiene que ser muy grande para que su apellido se convierta en un adjetivo. Y según el Diccionario de la Real Academia Española, sólo dos economistas han conseguido ese honor. En economía uno puede ser smithiano, ricardiano, marshalliano, friedmaniano o keynesiano, pero ninguno de esos calificativos, frecuentemente utilizados en el mundo académico, ha franqueado aún las puertas del idioma oficial, por muy eminentes que hayan sido las figuras que los originan. El Diccionario de nuestra lengua sólo ha reconocido a dos economistas, y sólo admite en sus páginas los adjetivos marxista y malthusiano.
El principio fundamental de la teoría malthusiana es hacer depender el crecimiento de la población de las condiciones materiales de la economía, especialmente de la oferta de alimentos. El crecimiento de la población se frenaría por el estancamiento en la producción de alimentos. Esta situación sólo se podría evitar a través de la contención moral (por ejemplo, el retraso del matrimonio debido al temor al hambre), pero también mediante aumentos naturales de la mortalidad por las guerras, pestes o enfermedades.
En su primer ensayo, Malthus afirmaba: «La población, libre de restricciones, crece en progresión geométrica. Los alimentos aumentan sólo en progresión aritmética». Esta ley nunca fue probada, como el mismo Malthus reconoció en su obra posterior, más madura. Los datos con los que trabajó Malthus eran muy endebles. Efectivamente, en 1801, el primer censo inglés reveló una población mayor a la habitualmente estimada. Al darse cuenta de que estos datos contradecían su modelo, Malthus se retractó de su afirmación juvenil. Con la esperanza de que su primer trabajo fuera olvidado, publicó una segunda edición, la de 1803, muy distinta de la primera: después de todo, nadie lee una primera edición cuando se ha publicado ya la segunda. Sin embargo, el texto original ha sido mucho más leído que el revisado. Como Malthus descubrió, es muy difícil idear una teoría que esté de acuerdo con los datos demográficos. De hecho, los resultados de las investigaciones empíricas muestran una relación positiva entre crecimiento de la población y crecimiento económico.
ALIMENTOS PARA TODOS.- Hoy, todos los expertos reconocen que el mundo produce suficientes alimentos para todos. En los últimos 50 años, la producción de alimentos ha superado el crecimiento de la población, a pesar de los temores sobre la degradación de la tierra cultivable y la falta de crecimiento en las cosechas. Una prueba de que difícilmente se llegará a una crisis alimentaria mundial es que la Unión Europea (UE) está incentivando el abandono de la producción de cereales, no porque se haya acabado la tierra para producirlos, sino porque los precios internacionales son demasiado bajos para los costes europeos de producción. En el futuro, al haber menos oferta de cereales por la menor producción europea, los precios subirán a corto plazo, por lo que los países con excedentes de tierras cultivables podrán aumentar su producción, ya que tienen costes más bajos que los europeos, como ocurre con EEUU, Argentina o Australia.
El aumento de la producción de cereales en tierras más fértiles y con menores costes volvería a reducir los precios a largo plazo. A medio plazo, algunos cereales bajarán sus precios: así, por ejemplo, y según previsiones de la OCDE, los cereales oleaginosos (como el girasol y la soja) reducirán su precio desde 246$/Tm., en el periodo 1990-94, a 230$/Tm. en el comienzo del próximo siglo.
Por tanto, las opiniones malthusianas acerca de una falta de suministro de alimentos a nivel mundial parecen injustificadas. El problema fundamental de la producción de alimentos no es la capacidad de producirlos, sino los precios a los que se venderán. Todavía existe una gran cantidad de tierra en condiciones para dedicarla a actividades agrícolas y, si los precios de los cereales son atractivos, la producción aumentará automáticamente.
TONELADAS.- Aunque la población mundial tiende a estabilizarse seguirá todavía creciendo y se necesitarán millones de toneladas de cereales para alimentarla. Países que tienen posibilidades de abastecer al mundo con cereales a tan amplia escala son Australia, Argentina, Canadá y otros pequeños países (por ejemplo, Uruguay) con una buena tradición productiva de cereales, y cuyas reservas de tierra están aún sin explotar. Argentina posee una tierra para fines agrícolas de alrededor de 30 millones de hectáreas (durante los años 30 el área de cultivo en Argentina alcanzó un máximo de 29 millones de hectáreas), de las cuales, ahora sólo se cultivan 16 millones.
Por consiguiente, Argentina podría utilizar esta tierra ociosa de 14 millones de hectáreas que podrían producir aproximadamente 30 millones de toneladas suplementarias de cereales. Esto considerando que la producción de la tierra no pueda ser mejorada, lo cual es falso. Argentina tiene tierra sin cultivar debido a que su producción de cereales - extensiva, es decir, sin uso de fertilizantes- no puede competir con los subsidios agrícolas que se dan en el mundo industrializado. Pero la tierra sigue allí, y podría ser cultivada en un breve periodo de tiempo.
También estamos excluyendo las posibilidades de países como Ucrania (el antiguo granero de Europa), que puede convertirse en un importante productor mundial (sus praderas son de las más fértiles, junto con las de EEUU y la Pampa argentina). Muchas de las previsiones sobre la relación entre alimentos y población son erróneas debido a la existencia de grandes extensiones de tierras cultivables no explotadas y al avance tecnológico en la agricultura.
EL HAMBRE.- La constatación de los innegables progresos que han acompañado al crecimiento de la población, y que señalan fallos en los pronósticos de los expertos, no supone ignorar que queda aún mucha desigualdad, hambre y pobreza. Como ha puesto de manifiesto el profesor Bauer, el hambre no es un problema de superpoblación, es un problema político y geográfico generado por tres factores: mala distribución de recursos, cambios climáticos e incompetencia política.
Efectivamente, si, como parece, hay en el mundo recursos suficientes, que permitan cultivar y producir alimentos y a la vez existen zonas subalimentadas, se precisa una mejor distribución internacional de recursos. Los países en desarrollo (PED) necesitan una masiva inversión de capital, apoyo investigador, capital humano, etc., para poder ser más autosuficientes en sus necesidades de alimentos. Las simples ayudas en forma de alimentos sólo sirven para aplazar y agravar la situación futura y los desequilibrios mundiales.
En segundo lugar, en áreas concretas de la Tierra, como la zona Sur del Sáhara, se han producido alteraciones en el clima, especialmente en el régimen de lluvias que han modificado la delicada ecología del desierto. El resultado ha sido la obtención de unas cosechas muy escasas que han provocado situaciones de hambre.
En tercer lugar, como denuncia la FAO, la incompetencia política y burocrática de los gobiernos de los países pobres impide llevar a la práctica una política alimentaria y agraria de suficiencia, siendo incapaces de administrar la ayuda alimentaria que les llega de otros países e instituciones. Los incontables casos de esta incompetencia administrativa; por ejemplo, en algunas ocasiones, toneladas de alimentos destinadas a los pueblos hambrientos de la India fueron comidas por las ratas porque las autoridades fueron incapaces de darles una salida adecuada.
Rafael Pampillón es catedrático y profesor del Instituto de Empresa.

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7.4. La abundancia y no la miseria son los auténticos limitadores de la población

Malthus considera que no es posible plantear una fórmula que lleve a la desaparición de la miseria, pero sí a atenuarla. Considera que la derogación de todas las leyes de asistencia parroquial (poor laws) es algo fundamental. Es la manera de generar temor a la miseria y así contener la tendencia al aumento de la población. Adicionalmente la abolición de estas leyes permitiría desvincular a la gente de las parroquias y darle más movilidad al trabajo. Nuestro autor estima que así los trabajadores acudirían allí donde hay mayor demanda de trabajo.
Por el lado de los alimentos, sugiere que se concedan "primas por la saturación de nuevas y estimular, por todos los medios posibles el desarrollo de la agricultura" (Ibidem, pág. 102).
De esta manera, y especialmente con la limitación al crecimiento de la población, la miseria no se extendería. Y habría, sino un equilibrio, cierta correspondencia entre las necesidades de la población existente y la producción de alimentos.
Las soluciones de Malthus no son, sin embargo, muy prometedoras. El temor a la miseria es, en verdad, la principal arma que esgrime. Por ello su violenta posición a las leyes de pobres.
Pero es indudable que se puede ir más lejos. Simplemente hay que cambiar los supuestos de Malthus. Para lo cual es pertinente revisar la experiencia histórica.
Respecto al crecimiento de la población no se ha verificado su progresión geométrica allí donde la naturaleza lo permitía. Justamente en estos países la población ha crecido a tasas inferiores a las que se suponía expandirse.
Por cierto, ello no quiere decir que estas sociedades hayan estado entregadas al vicio, en los términos que lo entiende Malthus. Mucho menos que la pasión y el deseo sexual se hayan extinguido al punto de hacer peligrar la reproducción de nuestra especie.
Sucede que en estas sociedades, la abundancia misma (no el temor a la miseria) las ha llevado a reducir su tasa de reproducción. Puede decirse que en los Estados Unidos y Europa ha desaparecido el hambre y la miseria y que, en los sectores que se mantiene, podría desaparecer con una menor distribución de la riqueza.
Por otra parte, en estas mismas sociedades la producción agrícola ha aumentado a una tasa anual superior a la del incremento de la población. Hoy en día, estas sociedades se caracterizan por tener un gran excedente de productos agrícolas antes que un déficit de los mismos.
Así pues, las afirmaciones de Malthus no se han verificado en la realidad. Sólo en algunos países atrasados la población crece más rápido que la producción agrícola. Pero aquí el problema reside, como enseña la experiencia de los países ricos, en encontrar, la forma de aumentar la producción agrícola. Es la abundancia, no la miseria, la barrera natural para el crecimiento de la población. Y la abundancia se logra rompiendo las trabas a la producción y no controlando la natalidad como se sugiere.

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7.5. Exceso de población: ¿Puede existir tal cosa?

La primera pregunta que surge en nuestra indagación a la causa de la pobreza global, es si es el resultado de nuestra propia fecundidad es inexorable. Esa fue la teoría de Thomas Robert Malthus (1766-1834), el clérigo inglés y autor del Ensayo Sobre el Principio de Población e iniciador de la percepción de la Economía como "la ciencia sombría". Malthus razonó que la población humana tiende a crecer en proporción geométrica, mientras nuestra capacidad para producir subsistencias aumenta en una proporción meramente aritmética -- por lo tanto nos encontramos en un hoyo de sufrimiento cada vez más profundo causado por el exceso de población". En opinión de Malthus, este proceso sólo podría detenerse por la "restricción preventiva" de la fertilidad o disminuída por la "restricción positiva" de la mortalidad aumentada.
La teoría maltusiana se creyó que estaba bien desmentida y relegada a la situación de un apunte curioso de la historia del pensamiento económico. Los capítulos sobre la pobreza y la subsistencia, de Henry George, en Progreso y Miseria, constituyen la reunión definitiva de la abundancia de argumentos lógicos disponibles para desmentir dicha teoría. Sin embargo, al fin del siglo XX, un creciente grupo de neo-maltusianos influenciantes está impulsando esta teoría de nuevo, agregando que la subsistencia sólo puede mantenerse delante del crecimiento de la población al costo de un nivel no sostenible de daño al ambiente natural.
No cabe duda que cinco billones ochocientos millones de personas es mucha gente. ¿Pero es demasiada? La perspectiva neo-maltusiana parece razonable, especialmente fortalecida por estadísticas tales como estas (publicadas por el World Population News Service):
600.000 millas cuadradas de bosque cortadas en los últimos 10 años.
26.000 millones de toneladas de tierra fértil nutritiva perdidas.
88 naciones clasificadas por el Programa Mundial de Alimentación dela ONU como incapaz de proporcionar suficiente comida y agua para sus habitantes.
960 millones de gente analfabeta; 130 millones de niños sin acceso a una educación primaria.
La población del mundo aumentándose por cerca de 100 millones cada año.
Bueno, tal vez, pero no hay que engañarse por las estadísticas. Un millón de personas es un incremento de más o menos un punto de porcentaje. La Tierra tiene la capacidad de absorber tales cantidades. Hoy día, vastas capacidades de los recursos de la Tierra yacen sin uso. Grandes cantidades de tierras cultivables están siendo destruidas por prácticas de cultivo o asentamiento no sostenible. Una gran parte de la capacidad de la Tierra se usa para fabricar armas, o cacharros -- todo tipo de cosas que nadie necesita para sobrevivir, a pesar de la miseria profunda de la mayoría de la población del mundo.
Los EE. UU., por ejemplo, cultivan menos acres cada año, pero siempre exportan comida y debaten continuamente políticas para controlar su superávit. Esto no es debido simplemente a las eficiencias dudosas del monocultivo, los fertilizantes petroquímicos, y la ingeniería genética. Tales métodos hacen más fácil el manejo de las grandes fincas corporativas, pero no son necesarios para cultivar altos rendimientos de comidas nutritivas. La Organización de Alimentos y Agricultura de la ONU estima que usando métodos modernos de agricultura y un proceso eficiente y sensible de distribución, la Tierra tiene la capacidad de rendir comida para algunos 33 billones de personas. Estimaciones corrientes de la ONU proyectan un tope de población de cerca de 12 billones de personas a mediados del Tercer Milenio.
La área total de tierra cultivable en el mundo hoy día, según los datos de la OAA, es 3.58 billones de acres. Cuentan tierras cultivadas y temporalmente en descanso (por menos que 5 años) -- pero excluyen tierras agrícolas abandonadas. Hay suficiente tierra cultivable en la India para darle a cada habitante del país aproximadamente un medio acre. África, el continente más pobre, tiene 20% de la tierra del mundo y solo 12.7% de la población del mundo. ¡Norteamérica tiene un grandísimo 2.1 acres de tierra cultivable por persona!
El área total de tierra cultivable en el mundo hoy día, según los datos de la OAA, es de 3.58 billones de acres. Cuentan tierras cultivadas y temporalmente en descanso (por lo menos en 5 años) -- pero excluyen tierras agrícolas abandonadas. Hay suficiente tierra cultivable en la India para darle a cada habitante del país aproximadamente un medio acre. África, el continente más pobre, tiene el 20% de la tierra del mundo y sólo 12.7% de la población del mundo. ¡Norteamérica tiene un grandísimo 2.1 acres de tierra cultivable por persona!
Las estadísticas citadas anteriormente sobre la pérdida de bosques y tierra fértil nutritiva describen las consecuencias de que haya terratenientes egoístas, no de exceso de población. Por todo el mundo, la pérdida de bosques y la creación de desiertos resultan del hecho de que los campesinos tienen que recurrir a tierras sub-marginales mientras que tierras de alta calidad de cultivo se mantienen fuera de uso. La situación está siendo tan seria en Brasil que los que ocupan tierras ilegalmente han sido matados simplemente por haber ocupado lejanas áreas de fincas privadas no usadas. Un gran movimiento organizado ha crecido acerca de la demanda de los campesinos para que se les permita usar tierras que otros no estén usando.
Dos factores son correlativos consistentes con la tasa alta de natalidad: la pobreza y la falta de educación. Se ha sabido por mucho tiempo que cuando suba el standard de vida de una comunidad, la tasa de natalidad disminuye. Este fenómeno, documentado, se llama "el cambio demográfico". También se ha observado otro tipo de cambio recientemente. Donde las mujeres tienen acceso a la educación y a los medios de comunicación, las tasas de natalidad han disminuido -- aunque los niveles de ingresos no hayan aumentado.
La parte más desagradable de las promulgaciones recientes de los neo-maltusianos ha sido la idea de que se debe prohibir la procreación a la gente pobre e irresponsable para que el número de hambrientos no empiece a quitar el control de los recursos necesarios para la gente más "civilizada". En una economía en que más energía y recursos se gastan en tomar fotos de niños, que en alimentar a los niños en todo el mundo, tales consejos parecen absurdos y sin corazón. Es verdad que el mundo subdesarrollado no puede subir su standard de vida al del mundo desarrollado usando los mismos métodos antieconómicos, sin causar daños horribles al ambiente natural. No obstante, también es un hecho que la tendencia a largo plazo ha sido hacia una mayor satisfacción humana obtenida con menos contaminación y destrucción. Tecnologías ambientales sostenibles para toda industria y la producción de abundantes energía y alimentos están disponibles hoy. Las razones por las cuales no se usan tiene más que ver con política y economía que con eficacia tecnológica.
Queda un hecho que no hay que olvidar: Que las naciones más pobres, más corruptas, más desorganizadas, y con mayor peligro para su ambiente natural, son aquellas con las tasas más altas de natalidad (por supuesto tienen altas tasas de fatalidad también; la población de Africa disminuyó en 1996). Pues bien, los neo-maltusianos sí identifican problemas serios. Pero es tiempo que pongamos todo en claro: el exceso de población no causa la pobreza. No puede existir un exceso de población en un mundo donde existen recursos amplios para alimentar cada nuevo niño -- pero tales recursos se mantienen fuera de uso, o están dedicados a usos frívolos. Las condiciones miserables que se denominan erróneamente como "exceso de población" son realmente el resultado de la pobreza, no su causa.

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7.6. La teoría malthusiana exculpa al rico

“Pero la gran causa del triunfo de esta teoría es que, en vez de amenazar derechos adquiridos u oponerse a intereses poderosos, es altamente tranquilizadora y confortante para las clases que, ejerciendo el poder de la riqueza, dominan extensamente las ideas. En una época en que los puntales del pasado se derrumbaban, vino en socorro de los privilegios particulares por los cuales unos pocos monopolizan tan gran parte de los bienes de este mundo; proclamaba una causa natural de la escasez y los sufrimientos que, si se atribuyen a instituciones políticas, deben desaprobar todo gobierno bajo el cual existen.
El «Ensayo sobre la población» fue abiertamente una réplica a la Investigación sobre la justicia política, de William Godwin*, obra que afirmaba el principio de la igualdad humana; y el propósito de Malthus fue justificar la desigualdad existente, haciendo responsables de ella las leyes del Creador en vez de las instituciones humanas. Nada nuevo hubo en esto, ya que, unos cuarenta años antes, Wallace* había alegado el peligro de una excesiva procreación, como respuesta a las exigencias de la justicia en favor de una distribución equitativa de la riqueza. Pero las circunstancias de la época eran a propósito para hacer la misma idea, al aducirla Malthus, singularmente agradable a una clase poderosa que frente a todo examen de la situación reinante, sentía el gran temor provocado por el estallido de la Revolución Francesa”. Henry George en su libro “Progreso y miseria”

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7.7. Hechos contrarios a la teoría de Malthus

La mayor parte del Ensayo sobre la población se ocupa en lo que en realidad es una refutación de la teoría expuesta en el libro, porque al revisar Malthus lo que llama freno positivo de la población, demuestra simplemente que los resultados que atribuye a la superpoblación, derivan en realidad de otras causas. De todos los casos citados en que el vicio y la miseria frenan el aumento, limitando los matrimonios o acortando la vida humana (y casi todo el globo se omitió en el examen), no hay ni un solo caso en que el vicio y la miseria se puedan explicar por un efectivo aumento del número de bocas respecto al poder de las correspondientes manos para alimentarlas; pero en todos los casos el vicio y la miseria se muestran procedentes, ya de la ignorancia y capacidad antisociales, ya del mal gobierno, leyes injustas o guerras destructoras.
Ni lo que Malthus dejó de mostrar, lo ha mostrado nadie después. Se puede inspeccionar el mundo y revisar la historia en vano, buscando algún ejemplo de un país importante en el cual la pobreza y la necesidad puedan ser atribuidas con justicia a la presión de una población creciente. Cualesquiera que sean los posibles peligros del poder procreador, todavía no han aparecido en ninguna parte. Cualquiera que sea algún día, aún no ha sido nunca éste el mal que ha afligido a la humanidad. ¡La población tendiendo a sobrepasar el límite de la subsistencia! ¿Cómo es, pues, que nuestro globo, después de tantos millones de años de haber hombres en él, está aún tan poco poblado? ¿Cómo es, pues, que tantas de las colmenas de la vida humana están hoy desiertas, que la maleza cubre campos antaño cultivados y las fieras lamen sus cachorros donde un día hubo concurridos albergues humanos?
En cuanto al África, no hay duda. El África del Norte apenas contiene una parte de la población que tenía en la antigüedad; el valle del Nilo tuvo un día una población enormemente mayor que la actual, mientras que al sur del Sahara nada prueba un aumento en tiempos históricos y el tráfico de esclavos ciertamente ha causado una extensa despoblación.
El malthusianismo predica una ley universal: que la tendencia de la población es sobrepasar las subsistencias. Donde quiera que la población a alcanzado cierta densidad, esta ley, si existiese, debería resultar tan evidente como cualquier otra de las grandes leyes naturales que en todas partes han sido reconocidas. ¿Cómo es, pues, que ni en las creencias y códigos clásicos, ni en los de los hebreos, los egipcios, los hindúes, los chinos, ni de ninguno de los pueblos que han vivido en densa asociación y han elaborado credos y códigos, encontramos ningún precepto para la práctica de las prudentes restricciones de Malthus? Por el contrario, la sabiduría de los siglos, las religiones del mundo, siempre han inculcado deberes cívicos y religiosos que son todo lo contrario.

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7.8. Crítica a Malthus

La teoría de Malthus está hoy completamente refutada por economistas y sociólogos de las más distintas escuelas, y, sobre todo, por los hechos.
En primer lugar, la estadística prueba que no es cierto que la población crezca en progresión geométrica. La población de Europa sólo se elevó en el siglo XIX de 1725 a 360.000.000 de habitantes. La misma escuela positiva, por boca de Spencer, cree que en el porvenir es de esperar un decrecimiento de población, en lugar de un aumento de la misma, como consecuencia del incremento de la individuación, característica de la civilización moderna, que produce una disminución de fuerza nerviosa, y una atenuación, por tanto, de la fecundidad de la especie humana.
Tampoco la proporción aritmética de las subsistencias ha resultado comprobada, sino que, por el contrario, han crecido en una proporción mucho mayor, y los nuevos territorios ocupados y los descubrimientos técnicos y químicos prometen casi inagotables recursos para el porvenir. En Francia, 32 millones de habitantes recolectaron, en 1820, 50.000.000 de hectolitros de trigo, y 38.250.000 habitantes recolectaron, en 1890, más de 100.000.000 de hectolitros.
Por otra parte, Malthus no tuvo en cuenta el aumento de la capacidad industrial del hombre, merced a la cual puede un individuo quintuplicar y hasta decuplicar la potencia industrial de su padre. El ejemplo de los Estados Unidos, donde la población se doblaba cada veinticinco o treinta años, sin que [573] los productos agrícolas escaseasen, vino también a deponer en contra de la doctrina de Malthus, y basándose en ello, proclamó Enrique Carey la doctrina opuesta, de que la densidad creciente de la población equivale a una facilidad creciente de producción, tesis en apoyo de la cual se alega: 1º Que la agricultura moderna tiene a su disposición capitales más considerables que nunca, y cultiva terrenos cada vez más fértiles, por lo que su producción aumenta en una proporción mucho más considerable que en progresión aritmética; 2º Que no ha de considerarse solamente la producción agrícola sino la producción en la cual aumenta con más rapidez que la población, y 3º Que cuantos más obreros hay, más se aumenta la producción y en mayor número se acumulan los capitales disponibles.
Por su parte, M. Cauwes, aceptando los argumentos de Carey, dice que la tendencia constante al exceso de población es inverosímil, y que los cambios internacionales alejan todo peligro de hambre (Précis d'Economie Politique, págs, 177 y sigs.), e Ives Guyot, fundándose en estadísticas y gráficos del movimiento de la población y de la riqueza en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, llega a decir que los hechos formulan la ley de Malthus vuelta del revés, es decir, que la riqueza crece en progresión geométrica y la población en progresión aritmética (La Science Economique, París 1887, págs. 217 y sigs.). Por otra parte, hablando Berthelot de los progresos de la química, llega a prever, siquiera su visión tenga los caracteres de un sueño, que tales progresos suprimirán el problema de la existencia mediante el cultivo del suelo. «En principio, dice justificando su aserto, el problema de la fabricación de las substancias alimenticias está ya resuelto, la síntesis de las grasas y los aceites está realizada hace cuarenta años: la de los azúcares e hidratos de carbono se ha realizado en nuestros días, y la de los cuerpos azoados no está lejos de nosotros... Día llegará en que todos y cada uno llevarán consigo para alimentarse su pequeña tableta de materia azoada, su trozo de grasa, fécula o azúcar, todo producido económicamente por nuestras fábricas, y todo ello independiente de los acontecimientos, de la lluvia o de la sequía... todo, en fin, exento de microbios patógenos.» (Discurso pronunciado en la Academia de Ciencias de París el 5 de Abril de 1894, y publicado en Le Temps del 7 de Abril de mismo año).
Para que nada quede de las doctrinas de Malthus, los socialistas modernos sostienen que la causa de la miseria no es la población, sino la actual organización económica. Así lo reconoce Bebel, quien añade que a la hora presente y por mucho tiempo todavía, lejos de haber exceso de hombres no existen bastantes en Europa para alcanzar una completa civilización, y que en cuanto a las otras partes del mundo, los países más fecundos y fértiles se hallan hoy completamente incultos o poco menos, porque su roturación exige masas colonizadoras de millares de brazos (La mujer ante el socialismo, traducción española de doña E. Pardo Bazán, Madrid, págs. 293 y sigs.); y hasta Darwin, cuya teoría de la selección fue, según él mismo asegura, sugerida por la doctrina de Malthus, considera que el exceso de población en lugar de ser funesto es beneficioso, pues gracias a él se realiza la selección natural que es el elemento del progreso.
Nada tiene, pues, de extraño, que exista hoy una poderosa corriente antimalthusiana, y que Oppenheimer llegue a estas conclusiones: 1ª La producción tiende a exceder a la población; 2ª El aumento de población es causa de riqueza, y 3ª La miseria es independiente de la cuestión demográfica (Das Bevolkerungsgesetz des Malthus und der neuerer National oekonomie; Darstellung und Critik, Berlín 1901).
La verdadera solución está entre las dos teorías extremas, y no es ecléctica sino armónica. Tan cierto es que la población no aumenta sino con lentitud, como que en el trabajo agrícola los progresos son lentos y difíciles, de tal manera, que siguen el movimiento aumentativo de la población, pero ordinariamente no le adelantan. Se ve en esto un orden providencial. Tan ilusorio es suponer que el hombre por más trabajo que emplee habrá de verse condenado a la miseria (pesimismo económico), como que los productos de la industria agrícola llegarán a ser indefinidos y la vida fácil y dulce para el mayor número de los humanos (optimismo). Los pueblos necesitan trabajar para subsistir, y si trabajan con trabajo constante y fecundo, la población, aunque sea abundante, vivirá con desahogo; mas si el trabajo se abandona, la miseria hará su aparición, aunque la población no sea abundante, siendo muy de observar que los pueblos en decadencia se lamentan de la falta de brazos, por virtud de la cual no pueden proveer a su subsistencia. La fórmula divina replete terram et subiicite eam, continúa siendo la solución de la cuestión. El supremo mal no es la pobreza, sino el desorden moral; en muchos casos la pobreza es aguijón del genio y muchos inventos han tenido su origen en la necesidad. La restricción legal del matrimonio no resuelve la cuestión, pues sólo produce un mayor número de uniones ilegítimas y un aumento de la prostitución, como ocurrió en Baviera, en donde fue necesario suprimir la ley restrictiva. Negar a los pobres el matrimonio, es conculcar uno de los más sagrados derechos del hombre, y hacerlo más dura y sensible la pobreza, y si bien es cierto que no debe olvidarse el consejo de que debe contarse con recursos para sostener la familia, no debe tampoco llevarse la previsión al extremo de convertir el consejo en regla obligatoria; en ocasiones, el mismo matrimonio, suele ser un remedio a la pobreza, ya que el dar dirección fija y ordenada a la vida, estimula la laboriosidad, y la emigración y la colonización sabiamente dirigidas sirven para alejar el menor resto de temor al peligro que Malthus se forjó.
En cuanto al neomalthusianismo, queda probado, con lo que antecede que carece de base científica, y los hechos ponen de manifiesto sus dolorosos resultados. El fraude conyugal hastía a los esposos y produce el recíproco desafecto y la infidelidad. La doctrina del hijo único hace disminuir las virtudes familiares y produce el relajamiento de los caracteres, pues, como observa Bertillón, no sólo hace que la formación moral del único vástago sea defectuosa, por regla general, sino que, al convertirlo en el único heredero, le vuelve perezoso. Los efectos de las prácticas neomalthusianas en la higiene física, y social son deplorables: según Opisso, son productoras de la difusión de la neurastenia (Medicina social, Barcelona pág. 222), y, como observa Mornet, la vitalidad material disminuye siempre proporcionalmente a la vitalidad moral (La potection de la maternité en France. Etude de d'Hygiène sociale, París 1910, página 21). En el orden exterior, la vida y la grandeza de los Estados dependen del número de sus [574] habitantes y de la moralidad de su vida: cuando un pueblo es insuficiente para ocupar y defender un territorio, no tarda otro en apoderarse de él.
En cuanto a las causas de difusión del neomalthusianismo, puede reobrarse contra ellas: protegiendo el Estado los deberes de la maternidad en la mujer, haciendo inversamente proporcional el impuesto de sucesión al número de hijos, favoreciendo en materia fiscal a las familias numerosas, sobre todo tratándose de impuestos indirectos, concediendo premios a los matrimonios con hijos numerosos (en Alemania el emperador es padrino del séptimo hijo que tengan sus súbditos), rehabilitando la consideración del trabajo manual, suprimiendo la dote de las hijas y combatiendo la inmoralidad y reprimiendo enérgicamente la propaganda de ideas neomalthusianas, como lo hizo Bélgica en 1908, impidiendo la tolerancia que con ellas tienen los tribunales de justicia (véanse, por ejemplo, las sentencias dadas en juicio por jurados en la Audiencia de Barcelona en 16 de Marzo y 7 de Junio de 1906 y 2 de Julio de 1908, que cita Castán en su obra Crisis del matrimonio, Madrid 1914, pág. 570, nota 2) y restableciendo el sentido religioso de la vida y el imperio de la moral católica que prescriben la dignidad en el matrimonio, condenan el vicio de Onán y conservan como un mandato divino la multiplicación de la especie y la vida por el trabajo, así como aconsejan el sacrificio individual en aras del interés social. Ver, Matrimonio y Población.

Crítica de la Teoría Malthusiana

La teoría puede ser caracterizada brevemente así: En su forma más extrema y abstracta es falsa; en su forma más moderada nunca ha sido demostrada y nunca se podrá demostrar; aunque sea cierta, es tan hipotética, y sujeta a tantos factores que la perturban, que no es de ningún valor práctico o importancia. Es, por supuesto, abstracta o teóricamente posible que población pueda exceder el sustento, sea temporal y localmente, o permanente y universalmente. Esta posibilidad frecuentemente se ha dado entre pueblos salvajes, y de vez en cuando entre pueblos civilizados, como en el caso del hambre. Pero la teoría de Malthus implica algo más que una posibilidad abstracta o una realidad temporal y local. Afirma que la población muestra una tendencia constante a acabar con el suministro de comida, una tendencia, por consiguiente, que siempre está a punto de convertirse en una realidad si no se neutraliza. En las seis ediciones de su trabajo que aparecieron en vida de Malthus, esta tendencia fue descrita en la fórmula de que la población tiende a aumentar en progresión geométrica, como, 2, 4, 8, etc., mientras el aumento total del sustento que puede esperarse está según una proporción aritmética, como, 2, 3, 4, etc. Hasta ahora por lo que sabemos, la población nunca ha aumentado en proporción geométrica en ningún periodo considerable; pero nosotros no podemos mostrar que tal aumento, por medios naturales, es fisiológicamente imposible. Todo lo que implica es que cada matrimonio debe tener un promedio de cuatro niños, que a su vez se casarían y tendrían el mismo número de niños por pareja, y que esta proporción debería mantenerse indefinidamente. No es, sin embargo, verdad que sólo pueden aumentarse los medios de vida en una proporción aritmética. Durante el siglo XIX esta proporción se excedió considerablemente en muchos países (cf. Wells, "Cambios Económicos Recientes"). La visión de Malthus en este punto se basaba en un conocimiento bastante limitado de lo que había pasado antes de su época. Él no previó las grandes mejoras en producción y transporte que, unos años más tarde, aumentaron muchísimo los medios de subsistencia en todos los países civilizados. En otras palabras, él comparó la fecundidad potencial de hombre, los límites que eran bien conocidos, con la fertilidad potencial de la tierra y los logros potenciales de invención humana, ninguno de los cuales era conocido ni de cerca. Éste era un método malo, y su resultado en las manos de Malthus era una teoría falsa.
Aún descartando la formulación matemática de la teoría, y examinándola en su forma más moderada, como una mera afirmación de que la población tiende a acabar con el sustento, encontramos que la teoría no puede demostrarse. Los hechos aducidos por Malthus en apoyo de su disputa eran relacionados a la insuficiencia del suministro de comida en muchos países en muchos momentos diferentes. Ahora bien, es verdad que a los pueblos bárbaros y a los que dependen de la pesca y de la caza para sobrevivir frecuentemente les ha faltado la subsistencia, sobre todo cuando no podían o no querían emigrar; pero con frecuencia tal no ha sido el caso durante cualquier época considerable entre naciones civilizadas. La necesidad de comida entre los últimos normalmente ha sido debida a una mala organización industrial y a una mala distribución, en lugar de deberse a la pobreza de la naturaleza, o la improductividad de hombre. Incluso hoy una gran proporción de los habitantes de los países es insuficientemente nutrida, pero ninguna persona inteligente atribuye esta situación a un exceso absoluto de población por encima de la subsistencia o de la productividad. Puesto que Malthus no prestó atención suficiente a los males de distribución, él no demostró que su teoría fuera verdad en general, aún en el tiempo anterior a que él escribiera; puesto que él no sospechó las grandes mejoras en producción que pronto tendrían lugar, mucho menos pudo demostrar que sería universalmente válido. Aunque admiten la debilidad de su argumento, algunos de sus seguidores más tarde insisten que la teoría es verdad de una manera general. Población, si no es una regulada prudentemente en los matrimonios y nacimientos, puede y en toda probabilidad a menudo acabará el sustento, debido a la ley de ingresos disminuidos (cf. Hadley, "Economía").
Aunque Malthus parece haber tenido un poco de conocimiento de esta ley, él no la usó como la base de sus conclusiones. Ahora bien, la "ley de ingresos disminuidos" simplemente es la frase por la que los economistas describen el hecho muy conocido de que un hombre no puede seguir aumentando indefinidamente la cantidad de capital y labor que él realiza en un pedazo de tierra, y seguir consiguiendo ingresos aprovechables. Tarde o temprano se alcanza un punto en el que el producto del último incremento de gasto es menor que el gasto en sí. Este punto ya se ha alcanzado en muchas regiones, de donde una parte de la población es empujada a irse a otra tierra. Cuando ello sea alcanzado en todas partes, la población excederá universalmente la subsistencia. Declarado así, el Malthusianismo parece ser irrefutable. No obstante la ley de ingresos disminuidos, como todas las leyes económicas, sólo es verdad en ciertas condiciones. Cambie las condiciones, en este caso los métodos de producción, y la ley no es operativa por más tiempo. Con nuevos procesos productivos, futuros gastos de labor y capital se vuelven rentables, y el punto de ingresos disminuidos se va más lejos. Este hecho ha recibido ilustración frecuente en la historia de la agricultura y las minas. Aunque es verdad que no siempre se descubren nuevos métodos cuando se necesitan, y que a menudo los hombres encuentran más rentable gastar sus recursos adicionales en tierras nuevas que en viejas, también es verdad que no podemos poner ningún límite definido al poder inventivo de hombre, ni a la fertilidad potencial de naturaleza. Hablando absolutamente, nadie puede asegurar que estas dos fuerzas no podrán modificar las condiciones en las que la ley de ingresos disminuidos opera indefinidamente, para que la subsistencia guarde el paso con la población con tal de que los hombres tengan habitación en la tierra. Por otro lado, no podemos demostrar que si la población fuera aumentar a al límite de sus posibilidades fisiológicas, sería provista suficientemente por la fertilidad de la naturaleza y la inventiva del hombre. Estamos tratando aquí con tres cantidades desconocidas. Sobre tal base es imposible ya sea establecer una ley social, o refutar de manera conclusiva cualquier generalización particular que pueda ser establecida. En tercer lugar, la teoría Malthusiana, aun siendo verdadera, no es de ningún uso práctico. La convicción que la población, sin obstáculos, presionará inevitablemente la subsistencia no nos aterra, cuando comprendemos que siempre se ha verificado, por celibato, los matrimonios tardíos, guerra, calamidades naturales, y otras fuerzas que no sean la escasez de sustento. La pregunta práctica para cualquier pueblo es si éstos obstáculos de no-escasez pudiesen guardar la población dentro de los límites de los recursos productivos de la gente. Hasta ahora en lo que interesa a las naciones del mundo Occidental, esta pregunta puede contestarse afirmativamente.
El uso de obstáculos preventivos, como el aplazamiento del matrimonio, el aborto, y la esterilidad artificial se ha vuelto tan común que la tasa de nacimientos ha disminuido en el último medio-siglo casi en todas partes, y no hay ninguna indicación de una reacción en el futuro cercano. Durante el mismo período la proporción de producción de alimento ha aumentado considerablemente. Es más, el declive en la tasa de nacimientos ha sido más pronunciado entre esas clases cuyas la subsistencia es muy amplia, haciendo pensar así en la probabilidad de que se volverá igualmente prevaleciente entre las clases más pobres en cuanto su nivel de vida se eleve. La contingencia de que los hombres puedan algún día volverse tan descuidado de altos niveles de vida como para abandonar los métodos presentes de restricción es demasiado remoto para justificar la ansiedad por parte de esta generación. Asumamos, sin embargo, que, bajo la influencia de la religión y de la enseñanza moral, se descartaran todos los métodos preventivos inmorales de población. Aun así, nosotros no tenemos ninguna razón para dudar que los obstáculos legales, como la virtud del celibato, sea temporal o permanente, y la disminución de fecundidad que parece ser un incidente necesario de la vida moderna, particularmente en las ciudades, sería suficiente para conservar bien a los habitantes del mundo dentro de los límites de sus poderes productivos. Hasta ahora por lo que vemos en la actualidad, la teoría Malthusiana, aunque verdadera en lo abstracto y lo hipotético, es tan hipotética, pues asume la ausencia de tantos factores que siempre es probable que estén presentes, que no merecería ser tomada en cuenta seriamente, excepto como un medio de ejercicio intelectual. Como ley de población, es tan valiosa como otras leyes pasadas por los economistas clásicos. Es al menos tan remota de la realidad como el "hombre económico."
Aún así, esta teoría encontró aceptación inmediata y casi universal. El libro que la exponía pasó por seis ediciones en vida de Malthus, y ejerció una influencia notable en la economía, la sociología y la legislación de la primera mitad del siglo XIX. Además de un sector de los Socialistas, el grupo más importante de escritores que rechazan la teoría Malthusiana ha sido de economistas católicos, como Liberatore, Devas, Pesch, Antoine (cf. Pesch, "el der de Lehrbuch Nationalökonomie", II, 598). Siendo pesimista y individualista, la enseñanza de Malthus estaba de acuerdo completamente con el temple y las ideas de su tiempo. El dolor era profundo y general, y las teorías políticas y económicas del día favorecieron la política de laissez faire. Quizás se deba más a él que a ningún otro escritor, la mala reputación de los economistas ortodoxos, como opositores de la legislación en los intereses de las clases más pobres. En palabras de Devas, "El Malthusianismo ha sido en la práctica un grave desaliento a todas las obras de reforma social y de legislación humana, que parecían un sentimiento tonto que derrota sus objetivos amables al animar la población" (Economía Política, 2 ed., pág. 198). Malthus declaró que los pobres crearon su propia pobreza casándose sin previsión alguna, y que cualquier sistema general de alivio para los pobres sólo aumentaba y prolongaba la raíz mala, la superpoblación que ellos sufrían (libro IV del Ensayo, passim).
Aunque él tenía una simpatía genuina por los pobres, y creía que la práctica del "refrenamiento moral" posponiendo o previendo el matrimonio era el único medio de mejorar su condición permanentemente, su enseñanza recibió la aprobación cordial de las clases más adineradas, porque ello tendía a relevarlos de "responsabilidad por la condición de las clases obreras, mostrando que estos últimos se tenían que culpar principalmente a sí mismos, y no tenían que culpar la negligencia de sus superiores ni las instituciones del país" (Ingram, "Historia de la Economía Política", pág. 121). Sus discípulos más recientes entre los economistas comprenden que una mejora en la condición de las masas estaba en estimular una porcentaje más bajo de nacimientos, por consiguiente ellos no se oponen a todas las medidas legislativas para mejorar su condición. Muchos de ellos, sin embargo, han exagerado los beneficios sociales y morales de un porcentaje bajo de nacimientos, y han aprobado las prácticas inmorales y destructivas de las que depende implícitamente. La ironía de la situación es que los obstáculos preventivos, morales e inmorales, han sido adoptados en su mayoría por las clases ricas y cómodas, que en opinión de Malthus, no eran llamadas a hacer ninguna contribución personal a la limitación de población.
Los resultados más notables de la obra y enseñanza de Malthus pueden resumirse como sigue: él no contribuyó absolutamente con nada de valor para el conocimiento humano o bienestar. Los hechos que describió y los remedios que propuso habían sido por mucho tiempo suficientemente obvios y suficientemente conocidos. Aunque él dio énfasis y atrajo la atención de una manera llamativa a la posibilidad de superpoblación general, la exageró exageradamente, y así desencaminó y dirigió erradamente la opinión pública. Si él hubiera estado mejor informado y visto los hechos de población en sus verdaderas relaciones, habría comprendido que los remedios apropiados serían buscados en mejores arreglos sociales e industriales, una mejor distribución de la riqueza, y una educación moral y religiosa mejorada. Como han sucedido las cosas, su enseñanza directa o indirectamente ha llevado a una inmensa cantidad de error social, negligencia, sufrimiento e inmoralidad.

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7.9. Otras teorías sobre población

Rodbertus, Marx, Engels, Bebel, y posiblemente la mayoría de los socialistas que han considerado el problema, niegan una tendencia general a la población excesiva, o sostienen que sólo se realizan en una sociedad con sistema capitalista. Bajo el Socialismo habría amplio sustento para el mayor incremento posible de población, o, a cualquier nivel, por cualquier incremento que la sociedad decidiera tener. Ahora es bastante improbable que una organización Socialista de producción, con sus incentivos disminuidos para una energía inventiva y productiva, podría proporcionar medios de vida adecuados a la máxima capacidad de la fecundidad humana; y un nivel de comodidad universal y continuamente creciente estaría sujeto a todos los estorbos físicos, morales e intelectuales, y a las consecuencias que asediaron el sistema suicida del neo-malthusianismo.
Una minoría respetable de economistas (en esta conexión frecuentemente conocido como "optimistas") ha rechazado la teoría Malthusiana del principio. Entre los más prominentes están: Bastiat en Francia, List (1789-1846) en Alemania, y Henry C. Carey en América. De una manera general, todos sostuvieron que con unos arreglos sociales e industriales apropiados la población nunca excederá la subsistencia. Esta era igualmente la posición de Henry George cuyo ataque a la teoría de Malthus probablemente es más familiar a los norteamericanos que el de cualquier otro escritor (cf. el Progreso y Pobreza). Carey, cuyo padre, Matthew Carey, el publicador de Philadelphia, era católico, basaba su visión en parte en su fe en la Providencia, y en parte en la presunción de que en cada país las tierras más ricas y los poderes de la tierra permanecen subdesarrollados mucho tiempo; List señaló que las tierras densamente pobladas frecuentemente son más prósperas que aquéllas con relativamente pocos habitantes, y que nosotros no tenemos ninguna buena razón para poner límites a la capacidad de la tierra que podría apoyar muchas veces indudablemente su población presente; y Bastiat que ya había observado la restricción artificial de la tasa de nacimiento en su propio país parece haber concluido que la misma cosa pasaría en otros países siempre que la subsistencia tendiera a caerse debajo de los niveles de vida existentes. Aunque hay un poco de exageración e incertidumbre en todas estas posiciones, indudablemente son más cercanos a la verdad que las suposiciones de Malthus.
Lo que puede llamarse la teoría evolucionista de población fue originada e incompletamente establecida por Charles Darwin, y desarrollada por Herbert Spencer. En la última forma ha sido substancialmente adoptada por muchos biólogos y sociólogos. Aunque fue una lectura del trabajo de Malthus la que sugirió a Darwin la idea de la lucha por la supervivencia, la teoría de población de Spencer se opone en general a la Malthusiana. Según Spencer, el proceso de selección natural que involucra la destrucción de una gran proporción de los organismos más bajos, aumenta la individualidad y disminuye la fecundidad en las especies más desarrolladas sobre todo en el hombre. A la larga, la población se ajusta automáticamente a la subsistencia al nivel que es consonante con el mayor progreso. Con respecto al futuro, esta teoría es sumamente optimista, pero no es más probable o más capaz de probar que su profecía acerca de la futura identificación entre egoísmo y altruismo.
Basándose en una esmerada investigación y abundantes estadísticas, M. Arsène Dumont concluyó que el Malthusianismo es teóricamente falso y prácticamente sin valor, y que las únicas generalizaciones valiosas sobre la relación entre población y subsistencia son aquéllas que conciernen a un país en particular, una época, una civilización, o una forma de sociedad (cf. Nitti, op. cit.). En una sociedad democrática, dice, el peligro real es la limitación excesiva de la tasa de nacimientos por todas las clases, incluso las más bajas. Cuando las clases privilegiadas y las estratificaciones sociales han desaparecido, los miembros de cada clase se esfuerzan por levantarse sobre su condición presente restringiendo el número de su descendencia. Hasta ahora, esta teoría es una explicación correcta de ciertas tendencias existentes, pero, como el padre Pesch observa en contestación a P. Leroy-Beaulieu, el verdadero remedio para las condiciones francesas no es la monarquía sino la religión cristiana y la enseñanza moral (op. el cit., II, 639).
La teoría de Nitti tiene una similitud considerable con la de Spencer, pero el sociólogo italiano espera la acción deliberada de hombre, en lugar de cualquier disminución en fecundidad humana, para conformar la población a subsistencia en cualquier sociedad en la que la riqueza es justamente distribuida, la individualidad desarrollada fuertemente y la actividad individual sostenida en un alto nivel de eficacia (op. cit.). Él repudia, sin embargo, la "prudencia" egoísta y socialmente desmoralizante qué tan generalmente es practicada hoy para la limitación del tamaño de las familias. No obstante, es absolutamente improbable que la regulación sensata que él desea se obtenga sin la influencia activa y universal de la religión. Con esta condición añadida, su teoría parece ser la más razonable de todas las consideradas en este artículo, y no difiere grandemente de la de los economistas católicos.
El último, como ya lo hemos notado, rechaza la teoría Malthusiana y la interpretación de los hechos sociales en los que se funda. Tomando como típicas las visiones de Devas en Inglaterra, Antoine en Francia, Perin en Bélgica, Liberatore en Italia, y Pesch en Alemania (vea obras citadas debajo) podemos describir sus visiones en los términos siguientes. Donde la producción está organizada eficazmente y la riqueza distribuida equitativamente; donde la moral hace que el pueblo sea industrioso, frugal, contrario a debilitar el confort, y con voluntad de refrenar todas las prácticas inmorales en las relaciones conyugales; donde una proporción considerable del pueblo abraza la condición de celibato religioso, otros viven castamente e incluso difieren el matrimonio por un período más largo o más corto, y muchos emigran siempre que la población de cualquier región se congestiona--ya que la presión de la población sobre la subsistencia nunca ocurrirá excepto local y temporalmente. Probablemente esto es tan comprensivo, y al mismo tiempo una generalización tan correcta como puede formularse. Puede reducirse a la declaración sumaria del padre Pesch: "Donde la calidad de una persona es salvaguardada, no debe temerse por su cantidad" (op. el cit., II, 624). Cuide de la calidad, dice el sabio Jesuita, y la cantidad cuidará de sí misma. Esté ansioso por la cantidad, dice a los Malthusianos y a todos los defensores de la familia pequeña, para que la calidad se deteriore. Malthus murió hace menos de ochenta años y en un tiempo considerablemente más corto ha pasado desde que la restricción de nacimientos se generalizó en todo sentido; pero está aumentando rápidamente y en todas partes el número de pensadores que ven que el mundo Occidental es confrontado por "un problema no de fecundidad excesiva, sino de una carrera de suicidio" (Seligman, "Principios de Economía", 65).

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